Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

jueves, 30 de enero de 2014

Scarlett Johansson se niega a boicotear a una empresa israelí y deja Oxfam



Scarlett Johansson deja de ser embajadora de la organización Oxfam tras las peticiones de varios grupos propalestinos por la polémica que desató el anuncio televisivo en el que pone cara a una compañía israelí que fabrica máquinas para hacer refrescos.
Estos grupos propalestinos, dedicados al boicot a Israel, iniciaron una campaña para que la ONG Oxfam despidiese a una de sus embajadoras más famosas. Advirtieron a la organización que, de lo contrario, "quedaría empañada su credibilidad entre los palestinos y entre mucha gente concienciada en todo el mundo".
No ha hecho falta despedirla, ya que en un comunicado, la propia actriz (29) ha puesto fin a ocho años de colaboración con la organización internacional y quizá también a la polémica saga en torno a unas burbujas.
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"Scarlett Johansson ha decidido respetuosamente poner fin a su papel de embajadora de Oxfam después de ocho años. Ella y Oxfam tienen una diferencia fundamental de opinión" sobre este asunto, dijo su portavoz en un comunicado.
Oxfam, aún no se ha pronunciado tras el anuncio de Johansson, indicó en un comunicado el rechazo de la ONG a "todo negocio que opera en los asentamientos, ilegales de acuerdo al derecho internacional y que niegan los derechos de los palestinos".

La actriz, que colaboraba con la ONG internacional desde 2005, está en el ojo del huracán desde que se anunciara que sería la nueva cara de la compañía israelí SodaStream, que produce artículos para hacer refrescos con gas en casa, fabricados en Maalé Adumim.
Tras desatarse la polémica, y a pesar de las críticas, la actriz de 29 años rechazó dar un paso atrás en su campaña publicitaria y aseguró que "nunca pretendió convertirse en la cara de ningún movimiento social o político".

En un comunicado difundido la semana pasada por The Huffington Post, Johansson insistía en su apoyo a "la cooperación económica e interacción social entre el democrático Israel y Palestina".
Fuente:libertaddigital.com
- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2014-01-30/scarlett-johansson-deja-oxfam-tras-anunciar-una-empresa-israeli-1276509530/

domingo, 26 de enero de 2014

Acto en A Coruña en recuerdo de las víctimas de la Shoá.

La Comunidad  judía Bnei Israel de Galicia y la Asociación Galega de Amizade con Israel ( AGAI) celebraron hoy Domingo en A Coruña un acto en recuerdo de las víctimas de la Shoá coincidiendo con el "Día Internacional de las Víctimas del Holocausto" instaurado por la ONU y que se celebra en todo el mundo el 27 de Enero , coincidiendo con el aniversario de la liberación de Auschwitz .
                          
















                      

sábado, 25 de enero de 2014

Los judíos regresan a Granada


El 'shofar' es un cuerno ceremonial utilizado por los judíos para convocar a la oración en el 'kabbalat shabbat', el recibimiento del shabbat, una ceremonia de rezo con la que se da por comenzado el día sagrado de la semana de tradición hebrea. En este caso, en una esquina del barrio granadino del Realejo, lo enarbola uno de los miembros de una excursión de quince judíos británicos, a las puertas del Museo Sefardí de Granada. Alguno de los presentes se atreve aventurar que es la primera vez en 500 años que se escucha ese sonido en la ciudad, algo, por supuesto, imposible de comprobar.
En ese momento, Marcelle Mason, organizador del viaje por parte de la empresa inglesa Jewish Heritage Tours, da las gracias a Beatriz Chevalier, la promotora del Museo Casa Sefarad, hija de una judía española exiliada en Francia, por ceder las instalaciones del mismo para celebrar el 'kabbalat shabbat'. Beatriz no puede evitar llorar mientras explica, en inglés, que su abuela fue una "marrana", una judía que se convirtió al catolicismo durante la Dictadura de Franco, para pasar a practicar ceremonias como aquella en la clandestinidad.
El viaje de la Jewish Heritage Tours está coordinado con una empresa local, Cicerone Granada, y con su propio guía español especializado en temática judía, Federico Abril. Este explica a ELMUNDO.es que se trata del primer recorrido "diseñado específicamente para conocer la herencia judía en Granada. Otras veces eran grupos que lo pedían aparte de otras cosas, o dentro de recorridos generales. Van a visitar la Alhambra, porque no se puede venir a Granada y dejar de verla, pero el objetivo del viaje es la Granada judía. Y no creemos que vaya a ser el último, porque ahora, con la presencia de dos museos especializados, nos permite más libertad".
El otro museo, que complementa a la Casa Sefardí de Beatriz, es el Palacio de los Olvidados, situado en el barrio del Albaicín, y que apenas lleva en funcionamiento desde el 2 de enero. En este caso, parte de la iniciativa de la familia Crespo López, que también gestiona la Sinagoga del Agua de Granada, y su impresionante colección de piezas de diferentes épocas. Abril, el guía de Cicerone, explica que este museo "cumple la función histórica, mientras la Casa Sefarad es la sentimental, al estar regentado por una judía y centrarse en la divulgación. Las dos iniciativas privadas se han complementado, y eso ayuda a las agencias".

Fuera de la red de juderías

Rocío Díaz, concejal de Turismo de Granada, nos explica que esta nueva fuente de turismo para la ciudad no ha sido buscado premeditadamente por ninguna institución, "aunque bienvenida sea. Granada ni siquiera forma parte de la red de juderías, porque aunque se sabe que la nuestra debió estar situada en la zona de la Antequeruela, lo que ahora es el barrio del Realejo, no hay restos. En ese sentido, las ciudades potentes siempre han sido Toledo o Córdoba".
Aún así "es una oportunidad que no queremos desaprovechar, porque sabemos que este tipo de turista, que busca la herencia religiosa y cultural, se mueve mucho y es de gran poder adquisitivo. Estamos estudiando la manera de apoyar a estas iniciativas privadas, porque además ayudan a destacar que Granada siempre ha sido una ciudad de convivencia". Con todo, la constancia es que la mayoría de visitas se han realizado hasta ahora de forma particular, por lo que no existen datos.

El último refugio de Al-Andalus

Algunas más sonadas que otras, claro. Por ejemplo, en 2011, el alcalde de la ciudad, José Torres Hurtado, recibió al Gran Rabino Sefardí de Israel, Shlomó Moshé Amar, la principal autoridad religiosa de los expulsados por el decreto de los Reyes Católicos de 1492, un encuentro que sucedió con una acampada del 15M en la puerta del Ayuntamiento, pero que también reunía por primera vez a la autoridad civil granadina con la autoridad religiosa judía en 519 años.
El guía Federico Abril explica que en la tradición del Sefarad, la ciudad de Granada es "el último lugar, donde se firmó la expulsión, y está cargado de melancolía". Marcelle Mason, por su parte, añade que Al-Andalus fue "una edad dorada del judaísmo". Y Beatriz Chevalier recuerda las grandes figuras intelectuales que dio el reino zirí -anterior al nazarí-, como el visir Samuel Nagrela o el traductor Yehuda Ibn Tibbon, que tiene una estatua.
María Angustias Valdecasas, gerente de Cicerone Granada, añade a todo esto que "el futuro del turismo está en la especialización. En el caso de la Jewish Heritage Tours, gracias a un artículo de la 'bloguera' británica afincada en la ciudad, Molly Sears-Piccavey, quién glosó la inauguración del Palacio de los Olvidados y la existencia de la Casa Sefarad, llamando la atención de Marcelle Mason. "La repercusión en la prensa internacional de cada iniciativa de este tipo [un reportero de Le Monde francés nos acompaña en la Casa Sefarad, además de la prensa local] es increíble", comenta Valdecasas, "así que confiamos en que en los próximos lleguen muchos más grupos como éste".
Fuente:elmundo.es

domingo, 12 de enero de 2014

El indómito general - César Vidal


El 6 de febrero de 2001, los ciudadanos de Israel escogieron a un nuevo primer ministro con un apoyo electoral del 62,38 por ciento. El ganador, Ariel Sharon, era el nieto de un judío ruso. En 1941, con trece años ya hacía guardia por la noche para defenderse de posibles incursiones. En 1948, combatió durante la Guerra de Independencia al mando de una compañía. Durante la posguerra, fue jefe de una unidad destinada a realizar represalias por los atentados terroristas. Destacó en las guerras de 1956, de los Seis Días y del Yom Kippur, logrando incluso salir con bien de un consejo de guerra por insubordinación. Convencido de que la paz con los árabes nunca podía ser adquirida a costa de la seguridad nacional ni pactando con terroristas, mantuvo excelentes relaciones con Hussein de Jordania y se identificó con la posición antipalestina de los cristianos libaneses. Entre 1965 y 1982, la OLP asesinó en atentados terroristas a 1.392 personas. Cuando el Gobierno de Israel supo que Arafat iba a trasladar varios millares de terroristas a la zona occidental de Beirut decidió actuar. La operación militar, bajo el mando de Sharon, se zanjó con la expulsión de más de 15.000 terroristas. Sin embargo, la OLP no estaba dispuesta a darse por vencida y procedió a asesinar al presidente libanés Bashir Gemayel. El 16 de septiembre de 1982, las falanges libanesas entraron en los campos de refugiados de Sabra y Shatila y dieron muerte a 328 palestinos varones, 15 mujeres y 20 niños además de 109 libaneses, 21 iraníes, siete sirios, tres pakistaníes y dos argelinos. La comisión Kahan concluiría que la matanza había sido realizada por las falanges libanesas sin participación alguna de tropas israelíes o de sus mandos.
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Sin embargo, también traslució que Sharon no movió un dedo por impedirla. Si no desapareció de la escena política fue porque Shamir, el sucesor de Begin, lo protegió. La colaboración entre Sharon y Shamir duró hasta 1990, cuando el primero presentó su dimisión como ministro de Industria y Comercio. Apenas cuatro meses después, debido a la crisis de vivienda provocada por la llegada masiva de inmigrantes de la Unión Soviética, Sharon asumió la cartera de Vivienda y Construcción.
Tras concluir la Guerra del Golfo, fue uno de los pocos que se opuso a la conferencia de Madrid. No consiguió imponer sus puntos de vista y, en 1992, el laborista Yitshak Rabin se alzó con la victoria. En 1995, Rabin fue asesinado por un judío y, seis meses después, el Likud, bajo Benyamin Netanyahu, ganaba las elecciones. Sharon recibió la cartera de Infraestructura Nacional, realizando una gestión encaminada a estrechar lazos económicos con Jordania a la vez que insistía a Netanyahu para que no comprometiera la seguridad nacional cediendo a las presiones de Bill Clinton. En 1998, Netanyahu nombró a Sharon ministro de Asuntos Exteriores. En mayo de 1999, el laborista Ehud Barak se convirtió en primer ministro. Durante los meses siguientes, en la vida de Sharon se sumaron las desgracias. Su esposa Lily, hermana de su primera esposa, enfermó de cáncer –moriría en 2000– y su granja fue arrasada por las llamas. El 17 de septiembre de 2000, los palestinos comenzaron una nueva oleada de ataques terroristas en la zona de Gaza para conseguir nuevas concesiones.
El 24 del mismo mes, Sharon informó a las autoridades, incluidas las palestinas, de que el día 28 tenía intención de visitar el monte del Templo. La comisión Mitchell concluiría que la visita de Sharon «no había sido la causa de la intifada de Al-Aqsa», pero su imagen volvería a ser vilipendiada, lo que no impidió que ganara las elecciones de 2001 con un resultado espectacular. Durante su mandato, Israel se retiró unilateralmente de la franja de Gaza y extendió la controvertida barrera de defensa israelí. En noviembre de 2005, disolvió el legislativo al carecer del apoyo laborista y creó Kadima, un partido de centro.
El 18 de diciembre de 2005, sufrió un infarto cerebral que se agravó con una recaída el 5 de enero de 2006. Entraría así en coma, lo que algunos interpretaron como un castigo divino por ceder Gaza. En 2010, fue trasladado en estado vegetativo a su casa. Para muchos, era el símbolo de la gallardía israelí frente a la agresión y el terror; para otros, el de una política tan paralizada como su organismo.
Fuente:larazon.es
César Vidal

El día que Sharon cambió el rumbo de la Franja de Gaza - Ignacio Ruiz Rodríguez- Dir. de la Cátedra España-Israel de la Univ. Rey Juan Carlos.


Corría el mes de marzo de 2001 cuando, tras vencer en las elecciones a Ehud Barak, el general Ariel Sharon vino a convertirse en el nuevo primer ministro de Israel, mandato que vendría a revalidar nuevamente en 2003.
La decisión política más destacada y controvertida dentro y fuera de Israel de esos dos periodos habría de ser la retirada unilateral de la Franja de Gaza, ejecutada en agosto de 2005, hecho que contó con una oposición minoritaria dentro de Israel y gran expectación internacional, y que suponía la orden de desalojo de los colonos israelíes residentes en esas tierras.
La ejecución de aquella idea no habría de resultar fácil, ya que al no poder contar Sharon con el respaldo unánime de los miembros de su Gobierno de coalición, se vio obligado a convocar un referéndum sobre el plan, antes de que tuviera lugar una votación en el gabinete israelí. La consulta se celebró el 2 de mayo de 2004 y en ella el 65% de los votantes se pronunció en contra del plan de retirada. A la vista de ello, la Prensa describió el rechazo del plan como lo que bien podía ser una frontal oposición al proyecto. Sharon aceptó los resultados del referéndum, a la par que reflexionaría sobre el futuro de Israel en Gaza.
A pesar de lo que parecía ser un revés político en toda regla, no tardó en ordenar al ministro de Defensa, Shaul Mofaz, que crease un nuevo plan para la Franja de Gaza que encajase en el espíritu de los votantes del Likud. Poco después, el 6 de junio de 2004, el Gobierno de Sharon aprobaba un plan de retirada modificada, pero con la reserva de que el desmantelamiento de cada asentamiento debía ser votado individualmente. Esta modificación sobre el primitivo proyecto vino a ser aprobada por una mayoría de 14 a 7. No tardarían en darse los primeros pasos para abandonar Gaza.
Tras salvar no pocos obstáculos, el 14 de septiembre, el gabinete israelí aprobaba por una mayoría de 9 a 1 los más que necesarios planes para compensar a los colonos que salieron de la Franja de Gaza. Menos de un mes después de la aprobación de aquella norma, en la apertura de la sesión de invierno de la Knesset –Parlamento de Israel–, Sharon presentaba su plan para la evacuación de Gaza, cuya retirada se debería iniciar a principios de noviembre. Contra todo pronóstico, el Parlamento tumbaba la propuesta por 53 votos a 44.
El «Rey de Israel», lejos de renunciar a su propósito, conseguía que el 26 de octubre la Knesset diese su aprobación preliminar para el plan, con 67 a favor, 45 en contra, 7 abstenciones y un miembro ausente. Por entonces, Netanyahu y otros tres ministros del gabinete de Sharon amenazaron con renunciar, a menos que Sharon accediese a celebrar un referéndum nacional sobre el plan. Sin embargo, poco después, el 9 de noviembre, Netanyahu retiraba su amenaza de renuncia, en cierto modo influenciado por la muerte del líder palestino Yasser Arafat y las nuevas expectativas que se abrían para la firma de una paz definitiva entre israelíes y palestinos. Mientras tanto, el 30 de diciembre, Sharon firmaba un acuerdo con el Partido Laborista para formar una coalición que convertía a Simon Peres en viceprimer ministro, a la par que se fortalecía con ello la gobernabilidad.
El 16 de febrero de 2005, el Knesset aprobaba el plan por 59 votos a favor, 40 en contra y 5 abstenciones, y se rechazaba una propuesta sobre el tan citado referéndum por 72 votos contra 29. Además, el 28 de marzo, el Parlamento rechazaba nuevamente un proyecto de ley que pretendía retrasar la aplicación del plan de retirada. Ese mismo mes de marzo, el día 17, las Fuerzas de Defensa del Comando Sur de Israel emitían una orden militar que prohibía a todos los ciudadanos israelíes que no fueran residentes en los asentamientos de la Franja de Gaza mudarse a aquel territorio.
Antes de la ratificación por parte del gabinete de Sharon de las operaciones de retirada de Gaza, el 7 de agosto, Netanyahu renunciaba. En el primer discurso que este pronunciaba en el Parlamento de Israel tras su renuncia, tres días después, el 10 de agosto, demandaba a los miembros del Knesset que se opusieran a la retirada de aquel territorio. Pero ya todo parecía haberse decidido en favor de la propuesta de Sharon, ya que el 31 de agosto, aquella institución votaba a favor de retirarse de la frontera entre Gaza y Egipto.
Con ello comenzaba a materializarse el plan de Sharon de desconexión de la Franja de Gaza, aunque Israel continuase controlando sus fronteras con la excepción de las de Egipto, así como la comunicación de Gaza con Cisjordania y con los mercados internacionales. Algo similar ocurre con los espacios aéreo y marítimo, así como con el suministro de combustible y agua.
Lejos de aprovechar las autoridades palestinas este hecho histórico para el desarrollo de su economía, en enero de 2006 el movimiento islamista radical Hamas ganaba las elecciones, iniciando una senda nada provechosa para el futuro de sus ciudadanos.
En junio de 2007, tras violentas luchas intestinas entre el movimiento Al Fatah –leal al presidente palestino Mahmud Abas– y los militantes de Hamas, la totalidad del territorio de Gaza quedaba bajo control de este último grupo, de una organización que gobierna con mano de hierro el territorio y en donde, desgraciadamente, no se vislumbra evolución en el respeto a los derechos humanos.
Fuente:larazon.es

Un hombre valiente en la guerra y en la paz - Isaac Querub



Israel dice adiós a un estratega valiente y a un político generoso. Después de ocho años postrado en una cama, velado por la familia, la luz de Ariel Sharon se ha apagado. Permanece su trayectoria militar y política. Nacido en Israel hace 86 años, con sólo 17 comenzó su carrera militar donde cosechó admiraciones y fuertes críticas. Su mente clara y ordenada le permitió protagonizar operaciones exitosas para su país como la que tuvo lugar en octubre de 1973, cuando atravesó el canal de Suez y rodeó al ejército egipcio con una audaz maniobra.
Su nombre también se relaciona con las muertes en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, durante la operación militar israelí del Líbano en 1982. Tuvo que dimitir como ministro de Defensa a pesar de que la responsable de las muertes fue la milicia cristiana de la Falange Libanesa, que actuó en respuesta a la masacre de Damour a manos de milicianos de la OLP en 1976. Una investigación israelí consideró que Sharon no previno la operación en los campos de refugiados palestinos. Siendo líder de la oposición israelí, en el año 2000 una visita suya a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén desencadenó el estallido de la Segunda Intifada palestina. Fueron unos años de constantes atentados terroristas y mucho dolor. Su carácter fuerte y seguro y su objetivo de defender a su país por encima de todo ganaron la confianza de los israelíes, que le eligieron primer ministro entre 2001 hasta 2006. Y precisamente en este periodo tomó otra decisión polémica, dura y muy difícil para Israel: la desconexión de Gaza en 2005. Le costó críticas y una fuerte oposición, pero tenía claro que para mantener un Israel unido y judío había que abandonar parte de los territorios conquistados en la guerra del 67. Nadie hasta entonces se había atrevido a tocar la política de la colonización para desmantelar asentamientos.
Fundó su propio partido, Kadima, mientras proyectaba otras retiradas de Cisjordania. Su gran proyecto era fijar las fronteras de Israel. Dicen que su plan habría podido cambiar el rumbo del conflicto israelí-palestino si el destino le hubiera dado tiempo. Pero una hemorragia cerebral le dejó postrado en la cama de su residencia del desierto del Neguev. Un final lento y reposado para un hombre de acción y fuertes convicciones. Un hombre que evolucionó durante su vida y que fue valiente en la guerra y en la paz. Dos conceptos que parecen antagónicos pero, como dice una expresión israelí, «los hombres de guerra son los que pueden hacer la paz».
Isaac Querub
*Presidente de la Federación de las
Comunidades Judías de España

Israel rinde tributo al general 'Arik' y al primer ministro Sharon


Aunque es la crónica de una muerte anunciada y la única sorpresa es que Ariel Sharon viviera ocho años desde su masivo derrame cerebral, los israelíes se vuelcan este domingo en la despedida de uno de sus principales militares y dirigentes. 
Como si la máquina del tiempo regresara al 4 de enero del  2006, le siguen recordando como primer ministro o, como se escribe en los diarios dedicados casi en exclusiva a su fallecimiento y legado, "el hombre de los hechos y no de las palabras que con todos su aciertos y errores fue vital en la historia de Israel".
Mientras la cúpula política y militar --encabezada por el presidente, Simón Peres, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el jefe del Estado Mayor, Benny Gantz-- envía mensajes de condolencia, miles de israelíes se dan cita este domingo en la Knésset (Parlamento) de Jerusalén para rendir el último tributo ante su féretro.  
El ataúd de Ariel Sharon en el momento de entrar en el Parlamento. Efe
"El Estado de Israel está de luto", resume Peres, que se ha quedado a sus 90 años como 'el último mohicano' de un país que pronto cumplirá 66 años. El último exponente del liderazgo de la generación que acompañó al fundador, David Ben Gurion. Desde su primer encuentro en 1953, Peres y Sharon mantenían una excelente relación pese a su grandes diferencias ideológicas.
Este domingo, Peres ha depositado el primero una ofrenda floral frente a sus restos, ataviado con una kipá y un traje negro. Posteriormente, le han seguido el presidente del Parlamento, Yuli Edelstein, mientras dos rabinos recitaban salmos y oraciones fúnebres.

El funeral, de caracter militar

Si este domingo miles de habitantes de Israel se despiden de su primer ministro, el lunes será el turno de algunos dirigentes y representantes extranjeros. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, y el ex primer ministro británico Tony Blair discursarán en la ceremonia estatal en la Knésset.
El funeral tendrá carácter militar y culminará a las 14.00 horas del lunes con un acto familiar en la 'Colina de las anémonas'  frente a su rancho, la Granja Shikmin, al sur de Israel. El ataúd será llevado por ocho generales. Allí sus restos descansarán con los de su esposa Lily, fallecida hace 13 años. Ambos estuvieron casados 37 años. Se da la circunstancia que era la hermana de Margalit, la primera esposa de Sharon que falleció en un accidente de coche.
Los operarios preparan la tumba de Sharon.
Entre los asistentes al acto íntimo en el funeral, no faltará su estrecho asesor Uri Shani que ha sintetizado uno de los principios de 'Arik', como se conocía a Sharon: "Decía que quien mata judíos en Israel o en el resto del mundo debe saber que lo pagará caro. Puede ser en una semana o en 10 años pero llegaremos a él". El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de visita en la región, será quien represente al Gobierno español en la ceremonia.
Los medios de comunicación israelíes --en su gran mayoría muy críticos con Sharon hasta que se convirtió en un popular primer ministro que doblegó la Intifada y se retiró de Gaza-- dedican una espectacular cobertura desde que este sábado Guilad, su inseparable hijo en vida y en coma, confirmase así la noticia: "Ya está. Se ha ido cuando ha decidido irse".

Figura de la historia contemporánea

Los comentaristas destacan que con todas sus luces y sombras su objetivo principal era  la seguridad de Israel. "Excepto David Ben Gurion, no hay otra figura que tiene en su haber tantos capítulos en la historia contemporánea de Israel como Ariel Sharon. Para bien y para mal", escribe Shimon Shiffer en 'Yediot Ajaronot'.
El veterano analista militar Ron Ben Ishai le define como "el heredero de Yehuda el Macabeo". "Arik era un estratega excepcional que entendió la realidad como un libro abierto, como solamente un agricultor lo sabe hacer; él también supo predecir los movimientos y las reacciones del otro lado, a los que había conocido desde su infancia. Todo esto hizo de Sharon uno de los más exitosos comandantes de campo de alto rango en el Tsahal. Posiblemente fue el más exitoso. Es el único que posee el crédito personal de dirigir cuatro guerras de batallas terrestres y que inclinaron la balanza, decisivamente, a favor del Ejército israelí durante la guerra", afirma Ben Ishai.
El luto y resignación en Israel contrastan con las muestras de alegría de palestinos en Ramala, Gaza o el Líbano. Si para muchos israelíes fue su "protector y héroe" para los palestinos se trata de "uno de los mayores criminales". Algunos quemaron los retratos de Sharon, mientras el portavoz del grupo islamista Hamas, Sami Abu Zuhri, cree que "su muerte tras ocho años de coma es el castigo de Alá".
En los círculos más radicales entre los colonos israelíes tampoco lloran la muerte del que en su opinión "traicionó a Israel con la evacuación de judíos de Gaza y el norte de Judea y Samaria (Cisjordania)".
Una muerte definida por Hamas como "momento histórico del pueblo palestino". Por motivos muy diferentes, también lo es para el pueblo israelí. 

sábado, 11 de enero de 2014

La culpabilidad de todos


Cuando en 1985, tras 12 años de trabajo, Claude Lanzmann estrenó su mastodóntica 'Shoah' probablemente no le quedó una palabra, un suspiro, nada que añadir. ¿Cómo contar el horror después de 'Shoah'? Las cerca de 10 horas de filmación caían a plomo sobre la propia posibilidad de hablar. El Holocausto ya no admitía un adjetivo más, un solo gesto de asombro. Todo él quedaba encerrado en su intocable atrocidad. Desde entonces, el documental en general (como género cinematográfico), y el propio Lanzmann en particular, se han visto obligados a dirigir sus esfuerzos contra precisamente el silencio; contra la sensación de que todo está contado; contra, sencillamente, el aburrimiento, o contra, esa enfermedad que nos descubre aburridos al escuchar la puntual descripción del horror. El matiz importa.
'El último de los injustos' es, por todo lo anterior, una película imposible. Y necesaria. Exactamente igual que 'Un vivant que passe', la película de en la que Lanzmann se las veía con el enviado por la Cruz Roja a Auswitz en el fragor de lo atroz y que inexplicablemente (o no tanto) no vio nada "malo" allí. O que 'Sobibor', la historia de quizá el único motín de las víctimas en la historia de los campos de exterminio, la cinta que se estrena ahora se mueve en un espacio nuevo. Ya no se trata de simplemente describir lo indescriptible, sino de hurgar en la comodidad fácil de las conciencias. ¿Por qué el enviado de la Cruz Roja no vio nada? ¿Por qué nadie se revolvió contra la fiebre de sangre nazi? Todas preguntas que incomodan.
En 'El último de los injustos', la idea es visitar las razones de un hombre ni víctima ni verdugo, sino todo lo contrario: quizá sólo culpable. O no. En el límite, las categorías fáciles de buenos y malos, ésas que consuelan, son apenas reconocibles. Hablamos de Benjamin Murmelstein, el único superviviente de los 'doyens' de los 'judenrats' (es decir, el encargado de gestionar, con la connivencia de los nazis, el día a día de los guetos). Él fue, y aquí lo importante, el jefe de Theresienstadt, el 'gueto modelo' que los alemanes concibieron como escaparate que mostrar al mundo y con el que tapar sus vergüenzas.
La cinta se estructura sobre un doble eje: la entrevista que el realizador y Murmelstein mantuvieron en Roma en 1976 y que desde entonces permaneció inédita; y la filmación del viaje del propio Lanzmann en 2012 a Theresienstadt. Ahora, y por primera vez, el cineasta asume un papel coprotagonista. Todo tiene sentido.
La estrategia consiste en iluminar las palabras del último superviviente desde la luz que el Holocausto proyecta aún hoy, ya en el milenio siguiente a todo, en lo que somos. Ya nada queda de aquello. En las estaciones en las que se deportaron a miles de personas apenas una placa o nada. Y, sin embargo, el horror persiste como un extraño y familiar fantasma de culpabilidad. Cuando el realizador reconstruye lo que fue Theresienstadt, cuando pasea por los terrenos destinados a acoger al pueblo judío en el sueño fanático de Adolf Eichmann, cuando enseña los testimonios de la crueldad en forma de dibujos, cuando simplemente aparece, da la impresión de que todo aquello es ficción. Sencillamente, no pudo ocurrir. Pero sí, aquello es lo que hoy somos.
Las declaraciones de Murmelstein, de la misma manera, se escuchan con idéntica cara de asombro. Plagadas de contradicciones, de mal gusto quizá ("hice lo que hice porque me gustaba la aventura", se le oye decir), no son el alegato de un hombre que quiere para sí el beneficio de la inocencia. O no sólo eso. También ilustran el pantanoso retrato en el que se movió un pueblo, un siglo entero. Él colaboraba con los nazis para salvar a los suyos. Así lo dice. Y en la profunda aberración de esas palabras no es fácil distinguir lo que salva y lo que condena.
La actitud de Lanzmann frente a él tampoco ayuda a la conciliación de la conciencia. El cineasta reconoce abiertamente su respeto por él; un hombre que vivió en Roma porque no podría haberlo hecho nunca en Israel; un hombre despreciado y castigado por todos: los suyos y sus enemigos. Los 'doyens', todos ellos, fueron rápidamente tachados de colaboracionistas. La presencia de uno de ellos en el juicio de Eichmann incendió los ánimos de la concurrencia y, precisamente, esa furibunda reacción de la comunidad judía acabó por hacer mella en los escritos de Hanna Arendt.
Este año hemos podido ver, por ejemplo, los documentales 'The act of killing', de Joshua Oppenheimer, y 'L'image manquante', de Rithy Panh, en los dos casos el horror, sea en Indonesia o en Camboya, se sirve de la ficción para hacer comprender su verdadera dimensión; su profunda culpabilidad. Se trata de ir más allá de simplemente lo real; de los hechos en bruto. Ninguno de los dos documentales habría sido posible sin 'Shoah'. 'El último de los injustos' tampoco.
También él viaja más allá de la realidad mostrenca; también él subvierte las reglas del género; también él se asoma más allá del horror. Todos nacen de la necesidad de despertar a la bestia, de reconstruir hoy, cuando todo parece cosa del pasado remoto, lo atroz por dentro para no olvidarlo.
Lanzmann, de nuevo, acierta a contar hoy el Holocausto contra el aburrimiento de lo ya sabido y lo hace porque sólo es posible pensar lo que somos a partir de él. Cuando Murmelstein reclama para sí el beneficio de la comprensión nos descubre que la voluntad adocenada de intentar borrar el pasado culpando simplemente a los nazis, a los malos, a los otros, también es culpable. Y olvidarlo es condenarse.
Fuente:elmundo.es

El último rugido del león - Elías Cohen




Ariel Sharon ha sido una de las figuras más míticas del Israel moderno, y el político más relevante en la época más trascendental de los últimos tiempos: la Segunda Intifada. Durante los años plomizos de hombres bomba, acoso mediático y aislamiento internacional, Arik –es una costumbre hecha ley que la mayoría de los israelíes tengan diminutivo, en el libro Start Up Nation se explica muy bien– lideró el país y se fue al coma habiendo dejado un Israel más seguro y próspero.
Sharon deja su huella en la historia por varias razones. La más importante, pero quizás también la menos reseñada, es que fue uno de los genios militares absolutos de Israel; consecuentemente, siguió las mismas etapas que la mayoría de líderes que han llegado a lo más alto del poder en el Estado judío: carrera militar brillante, universidad, salto a la política, polémica tras polémica y, en el último acto, un final trágico.
Pero Sharón fue, también, el Satán idealizado -es un decir- no sólo por los antiisraelíes de todos los colores, también por casi toda la opinión pública mundial, y a la cabeza de ella el movimiento antiglobalización, que ha ido siempre de la mano de la causa palestina. Su demonización justificó todos los desmanes y despropósitos posibles contra su figura y contra el Estado de Israel. En España es ya tristemente célebre la portada de la revista de sátira política El Jueves en la que Sharón aparecía caracterizado con nariz de cerdo y una esvástica.
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Dejando de lado cómo le endosaron la etiqueta de nazi, la deformación animal usada también con Sharon por periódicos de todo el mundo es una característica clásica de las viñetas antisemitas. Contra Sharón todo valía en aquellos años. Sharón, pues, para muchos será siempre ese hombre obeso, con pinta de carnicero, sediento de sangre de palestinos. El judío comeniños que una noche vendrá a llevarse a nuestros pequeños.
La deformación de su figura respondía principalmente a que Sharón era el enemigo perfecto: un judío nacido en el Mandato Británico que llevaba empuñando armas desde los 14 años para defenderse y que desde que fue adquiriendo poder dejó claro que acabaría con todo aquel que quisiera acabar con Israel. Desgraciadamente, para la mayoría de las conciencias occidentales, el judío que sigue resultando simpático es el que murió en las cámaras de gas y no el que cruzaba las fronteras durante la noche para responder a los ataques de los fedayines. Y es que con unos imberbes 19 años Arik ya se encargaba de demostrar que eso del sionismo era, entre otras cosas, acabar con el daño gratis a los judíos y, en consecuencia, responder a todos los ataques.
En la Guerra de la Independencia, con tan solo 20 años, la misma edad con la que muchos estamos entre libros, borracheras, amoríos y creyéndonos inmortales, Sharón ya era comandante de la brigada Alexandroni, encargada de defender Latrún. Hoy, en la vieja fortaleza pueden verse los balazos que como cicatrices recuerdan una de las trifulcas más encarnizadas de esa guerra. Sharón fue herido en la ingle, en el estómago y en el pie, y perdió 139 hombres, pero una vez recuperado ascendió a comandante de compañía en la unidad de reconocimiento de los legendarios Golani, y terminada la guerra el mismísimo Ben Gurion le pidió que liderara la unidad 101, encargada de las operaciones de represalia por los ataques de los fedayines palestinos.
En la Guerra del Canal de Suez, en 1956, al mando de una brigada de paracaidistas, entonces llamada unidad 202, tomó el paso de Mitla después de un arriesgado ataque, no autorizado por el mando central, en el que los paracaidistas israelíes derrotaron, bajo el fuego de los Mig-15, a la primera y segunda brigada de la cuarta división del ejército acorazado egipcio –sobre esta toma ese creador de sionistas llamado Leon Uris escribió una trepidante novela, El paso de Mitla, bastante recomendable para añadir a la lectura de Mila 18 y Exodus–. El presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, diría que cuando paracaidistas israelíes cayeran sobre suelo egipcio, las serpientes volarían. Desde entonces, la insignia de los paracaidistas israelíes es una serpiente con alas.
Tras su insubordinación en Mitla, y a pesar de la victoria, se frenó su carrera militar. No obstante, en la Guerra de los Seis Días Isaac Rabín, como jefe del Estado Mayor, le pide al León de Dios –que es el significado de Ariel en hebreo– que se dirija al Sinaí con una división acorazada para ganar la batalla de Abu Ageila, en la cual, según la Unidad de Doctrina y Entrenamiento del Ejército norteamericano, se utilizaron tácticas y estrategias innovadoras y únicas hasta el momento. Después del aplastante éxito israelí en junio de 1967, Sharón fue ascendido a líder del mando militar en el sur. Arik vigilaba que el enemigo egipcio no intentara de nuevo echar a los judíos al mar. El periodista francés Jean Learteguy entrevistó a Sharon para su libro Las murallas de Israel, y este le dejó claro el porqué del éxito de los israelíes en las guerras contra los vecinos árabes:
En el ejército de Israel los comandantes vamos primero y dirigimos a nuestros hombres, no nos quedamos en la retaguardia dando órdenes.
En julio de 1973, con una carrera militar que rozaba el calificativo de legendaria, Sharon da el salto a la política. Pese a haber nacido en un kibutz de socialistas, en un entorno donde el Mapai de Ben Gurión era un voto en un sobre cerrado, ingresa en las filas de Herut, predecesor del actual Likud. Un inicio breve, un suspiro, ya que en octubre Egipto y Siria lanzan un ataque sorpresa contra Israel en pleno Yom Kipur. El León de Dios fue llamado a cumplir con su deber y se puso al mando de una división acorazada de reservistas. Según cuenta Uriel Dan en la biografía que escribió de Sharon, Zeev Amit, el comandante de la reserva en las primeras horas de una guerra que hacía temer lo peor, preguntó a Arik: "¿Cómo vamos a salir de esto?". A lo que éste contestó: "¿No lo sabes? Cruzaremos el Canal de Suez y allí terminará la guerra". Efectivamente, consiguió llevar sus tanques a cien kilómetros de El Cairo. En el tercer día de la guerra, Moshé Dayán, entonces ministro de Defensa, diría de Sharon:
Si conozco bien a Arik, seguro que se dirige hasta El Cairo e intenta obtener votos para el Likud.
En política, ciertamente, fue también un gran estratega. En un breve espacio de tiempo, antes de que Beguin le hiciera ministro de Agricultura, ganó un escaño, dimitió del mismo, intentó primero liderar el bloque liberal dentro del Likud, se fue del partido, creó uno nuevo, Shlomtzion, y posteriormente lo unió al Likud para llegar más reforzado a la coalición de centroderecha. Arik se hizo eco de la cita de Churchill que reza que la política es la continuación de la guerra por otros medios. No obstante, las grandes manchas de su expediente se generan cuando Sharón ostenta cargos políticos.
Durante su mandato como ministro de Agricultura, las colonias judías doblaron su crecimiento en Gaza y Cisjordania. Es en 1982 concretamente cuando Menahem Beguin –quien como comandante del Irgún fue su rival durante el Mandato Británico– le designa ministro de Defensa. El 18 de septiembre, cuando los medios filman e informan sobre lo que ha sucedido en Sabra y Chatila, es el comienzo de la verdadera leyenda negra sobre Ariel Sharón.
Beguin, que después de haber mermado la amenaza nuclear iraquí y de haber hecho la paz con Egipto estaba en la cima del éxito político –es menester recordar que el encargado de sacar a punta de fusil a los colonos judíos establecidos en el Sinaí fue Sharón–, decidió acabar la tarea y frenar los ataques que la OLP lanzaba desde el Líbano a Israel y, de paso, inmiscuirse en la guerra civil libanesa y colocar un Gobierno cristiano amigo en Beirut. Bajo el mando de Sharón, pues, comenzó la operación Paz para Galilea y la primera guerra de Líbano. Aunque Beguin declaró públicamente que las fuerzas israelíes no sobrepasarían más allá de 40 kilómetros de la frontera con el Líbano, Arik ordenó tomar posiciones como la ciudad de Jezzine, acabar con las defensas antiaéreas sirias, derribar 30 de los cazas de Hafez al Asad (padre y predecesor del actual dictador sirio) y finalmente tomar Beirut y forzar la evacuación de más de 14.000 miembros de la OLP, incluido Arafat. Tras la invasión israelí, el líder maronita y aliado de Israel Bashir Guemayel, y también presidente electo del País del Cedro, es asesinado en un atentado junto a 26 personas más. El mundo entero, incluido Sharón, acusa a los terroristas de la OLP del ataque. En 1988 el FBI apuntó al Partido Nacional Socialista Sirio como responsable. Guemayel, dos semanas antes de ser asesinado, promete a Beguin que establecerá relaciones diplomáticas con Israel y pide específicamente a David Kimche, antiguo espía del Mosad y entonces director general del Ministerio israelí de Exteriores:
Por favor, diga a su pueblo que sea paciente. Me he comprometido a firmar la paz con Israel, y voy a hacerlo. Pero necesito tiempo: nueve meses, máximo un año. Tengo que arreglar mis relaciones con los países árabes, especialmente con Arabia Saudí, para que el Líbano pueda volver a desempeñar un papel central en la economía de Oriente Medio.
Elie Hubeika, sucesor de Guemayel como líder de las falanges libanesas, sediento de venganza, quiere entrar en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en busca de los terroristas que supuestamente habían perpetrado el atentado. El ejército israelí, que se apostaba fuera de los campos, no intervino. Incluso, durante la noche, lanzó bengalas para que los falangistas tuvieran visibilidad. En la excepcional película Vals con Bashir, del documentalista israelí Ari Folman –que presenció los hechos in situ, en su condición de militar israelí–, obtenemos instantáneas tenebrosas e inquietantes de lo que sucedió, y a un Sharón que no prestó interés a lo que los falangistas planeaban y querían. Fueron asesinados entre 800 y 2.000 palestinos, incluyendo mujeres y niños.
Sabra y Chatila supuso también un terremoto político en Israel. La Comisión Kahan, creada ad hoc para investigar lo ocurrido, consideró al Ejército indirectamente responsable de la masacre y a Ariel Sharón responsable por ignorar los deseos de venganza de los falangistas y no tomar medidas para prevenir la matanza. La organización Paz Ahora convocó una manifestación que congregó a 400. 000 personas –en un país de apenas cinco millones–. A Sharón le costó la cartera de Defensa, pero Beguin le mantuvo como ministro sin cartera. Fue un duro golpe para ambos. El último en la lucha de Beguin, pero no en la de Sharón, al que todavía le quedaba historia que escribir.
En 1984 fue nombrado ministro de Comercio e Industria; y en 1990, ministro de Vivienda. Durante el Gobierno de Isaac Shamir, intentó arrebatar a éste la jefatura del Likud. Cuando Netanyahu llegó al poder en el 96, Arik fue ministro de Fomento y luego de Exteriores. El león seguía rugiendo.
Tras las fallidas negociaciones de Camp David II, llegó su momento. El 28 de septiembre de 2000, escoltado por más de mil policías, visitó el Monte del Templo en Jerusalén, donde están el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa. La visita fue autorizada por Yibril Rayub, jefe de Seguridad palestino en Cisjordania. Además, la Segunda Intifada, según nos contó Marcos Aguinis en uno de sus perdurables artículos, "El alzhéimer del pueblo palestino", comenzó un día antes, contra el Gobierno de Ehud Barak. No importaba. Sharón era responsable de todo. La demencial lógica occidental adujo, durante esos ominosos años, que la visita de un político opositor a un lugar en disputa había desencadenado ataques suicidas por todo el país, y que el político, por tanto, era el único responsable de todo. Trasladar esta lógica, esta justificación del terrorismo, a otros conflictos activos por el mundo da vértigo. Pero, una vez más, contra Sharón e Israel todo valía.
Indudablemente, tras el colapso del Gobierno de Ehud Barak, el Likud de Sharón se alzó con la victoria en las elecciones de febrero de 2001. El león se proponía entonces frenar la oleada de ataques terroristas más brutal de la historia del conflicto. Y lo hizo. El Ejército israelí diezmó a las Brigadas de los Mártires del Al Aqsa, a la Yihad Islámica Palestina y a Hamás en Cisjordania. El Ejército israelí, tras un Pésaj sangriento, lanzó la operación Escudo Defensivo en 2002. Durante la batalla de Yenín, la retórica volvió a ser completamente gratuita. La loca comparación de Yenín con Auschwitz vino primero; luego, ante el desescombro de cadáveres, la comparación descendió hasta el Gueto de Varsovia. Posteriormente, tras las cifras publicadas por la nada proisraelí y nada sospechosa Human Rights Watch, llegó el silencio: 52 palestinos, la mayoría arma en mano, y 13 soldados israelíes. Era una batalla, no un genocidio. No obstante, ahí están las hemerotecas y ahí seguirán las palabras de los infames miopes: esos que ven genocidio en Yenín y no en Homs o Alepo.
A la política de asesinatos selectivos –que acabó, entre otros, con Ahmed Yasín, líder espiritual y fundador de Hamás– le siguió la medida más efectiva contra los ataques suicidas: la valla de seguridad en Cisjordania. Cuando Arik cayó en coma, en 2006, los atentados suicidas eran ya improbables.
Sharón, una vez acabada la Segunda Intifada y con Arafat fuera de escena, decidió dar el siguiente paso, el cual era impopular para su partido y para su Gobierno: hacer un Estado palestino unilateralmente. Después de negociar infructuosamente con Mahmud Abás para aplicar la Hoja de Ruta creada por el famoso Cuarteto (EEUU, UE, ONU y Rusia), Sharón decidió sacar hasta el último israelí de Gaza y dar las llaves a la Autoridad Nacional Palestina de Abás. Las famosas imágenes de la Policía y el Ejército israelíes evacuando a los colonos llegaron hasta el Premio Pulitzer. Posteriormente, los israelíes vieron cómo los hombres de Hamás y Fatah, que dos años más tarde se masacrarían entre sí para hacerse con el control de la Franja, quemaban las sinagogas y saqueaban los invernaderos. Natan Sharansky, disidente soviético y actual director de la Agencia Judía, dimitió del gabinete de Sharón. El Likud en bloque estaba en contra de la desconexión de Gaza. Por ello, Sharón cambió de estrategia y creó un nuevo partido, Kadima, llevándose a sus fieles y añadiendo a viejas glorias del laborismo como Simón Peres. Fue una jugada maestra, en la que el golpe final era una desconexión unilateral de la mayor parte de Cisjordania. Una vez más, Arik ganó la batalla.
Como declararía ante Abás y ante el rey Abdalá de Jordania en junio de 2003:
Entendemos la importancia de la contigüidad territorial en Cisjordania para un Estado palestino viable.
Un mes antes de dicha cumbre, su Gobierno aprobaba la aplicación de la Hoja de Ruta y Arik hacía ver a los israelíes la cruda realidad:
Puede que la palabra no os guste, pero lo que está ocurriendo es una ocupación de 3,5 millones de palestinos. Creo que es algo terrible para Israel y para los palestinos.
Pero en enero de 2006 el león recibió un ataque del que no ha podido recuperarse, pero sí resistir por más de 8 años: un derrame cerebral. No pudo ver terminada su obra de salir de Cisjordania y forzar a los palestinos a administrar un territorio. Kadima está ahora prácticamente desaparecido, y la idea de desmontar las colonias unilateralmente está a todas luces fuera de los planes del actual Gobierno. La estrategia de Sharón murió con él. Además, tras la desconexión de Gaza, la Franja se ha convertido en una lanzadera de misiles contra los civiles israelíes. Sin embargo, uno de sus grandes legados es que los ataques suicidas son hoy imposibles en Israel.
Según la encuesta que hizo el Yediot Aharonot en 2005, el periódico de más tirada en Israel, Arik es el octavo israelí más grande de todos los tiempos. Con el último rugido del León, todos los padres fundadores del Israel moderno son ya pasto de los museos, de las celebraciones y de los libros de historia. Sharón era miembro de una generación que hizo posible, en palabras de Josep Pla, "uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia": el nacimiento del Estado de Israel.
De esa mítica generación de líderes sionistas ya sólo queda Simón Peres, que todo parece indicar se irá con las botas puestas. Gracias a David ben Gurión, Menahem Beguin o Ariel Sharón, el mismo Peres pronunció estas palabras en el Día del Holocausto del año 2012:
El Estado que hemos creado ha superado todos nuestros sueños.
Fuente:libertaddigital.com

Crucial en la historia de Israel - Florentino Portero


Con el general y exprimer ministro Ariel Sharon se va una de las grandes figuras de una generación crucial en la historia de Israel, formada por nacidos en Palestina en los días del Mandato Británico, hijos de una emigración forzada y crecidos en un entorno de rechazo a su propia existencia, en el que la violencia era una constante cotidiana. Sobre ella recayó la responsabilidad de hacer frente a cuatro guerras vitales: Independencia, Sinaí, Seis Días y Yom Kipur, y sobre ella se levantó un país democrático con un I+D+i de los más altos del mundo y más premios Nobel en sus campus universitarios de los que España va a tener en un futuro próximo.
De padres bielorrusos con formación universitaria, huidos del comunismo soviético y contrarios a ensoñaciones y experimentos socialistas, Ariel nació y creció en un ambiente agrario, muy comprometido con la causa sionista. Con 14 años ya formaba parte, como muchos de sus compañeros, de una unidad paramilitar diseñada para el adiestramiento de los jóvenes, de la que pasó a la Haganah, el embrión de Ejército que defendería el recién creado estado de Israel durante la Guerra de la Independencia. Para entonces ya había demostrado las cualidades de liderazgo que le llevarían al generalato, tras una brillante carrera militar que le confirió una gran popularidad.
Aquella no es una tierra fácil, donde la vida esté garantizada por un ambiente de orden y unos eficaces servicios sociales. Allí la vida pende de un hilo, siempre expuesta a un atentado terrorista, a un cohete que llegue de Dios sabe dónde o a la próxima guerra, esa que no sabemos con quién será pero que llegará inexorablemente en unos pocos años a más tardar. Es la razón por la cual sus habitantes se caracterizan por un estilo directo, cuando no agresivo, y una disposición a comerse la vida a bocados. Ariel Sharon siempre fue más allá. Hasta para los estándares israelíes su carácter resultaba excesivo por su forma tempestuosa y demasiado personalista de actuar.
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La vida forja a las personas y la juventud y primera madurez de Ariel Sharon fueron cualquier cosa menos fáciles. Defendió su país desde unas milicias apenas dotadas de medios, colaboró en la creación y organización de su nuevo ejército y como oficial dirigió unidades en el campo de batalla en cuatro guerras, a menudo con extraordinaria brillantez, en ocasiones planteando dudas sobre su responsabilidad en la muerte de civiles. Sin entender este período apenas podremos acercarnos a entender su personalidad, privada o política, que le proporcionaría tanta popularidad como críticas en Occidente.
Siguiendo la estela familiar, Sharon rechazó la vía socialista para construir Israel y optó por militar en el partido nacionalista Likud, desde donde desarrolló una intensa, polémica y en ocasiones trascendente vida política. Ocupó distintos ministerios para acabar siendo primer ministro y en todo momento fue un referente en el debate estratégico. La I Guerra del Líbano, que vivió como ministro de Defensa, cayó sobre él como una losa, tanto por sus consecuencias como por lo sucedido en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, cuando milicias cristianas aliadas de Israel entraron provocando una inexcusable matanza. No pudo demostrarse responsabilidad directa, pero la gravedad de lo ocurrido forzó su dimisión.
Nunca confió en Yaser Arafat ni en los dirigentes de Fatah. El proceso de paz iniciado en Oslo y Madrid despertó en él más temores que esperanzas, convencido de que sería una trampa para atar a Israel limitando su margen de maniobra. Las negociaciones en Camp David, durante el gobierno de su compañero de armas Ehud Barak, fueron el momento clave para desvelar la falta de sinceridad de los dirigentes palestinos, provocando el fin de la esperanza en el seno de la sociedad israelí. Su ascenso a primer ministro y la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca dieron paso a la etapa culminante de su carrera política. Tras una vida dedicada a la creación y supervivencia del estado de Israel en un entorno de rechazo y violencia, Sharon trató de establecer los fundamentos de su seguridad a partir de una clara y definitiva división del territorio.
Frente a las muchas tonterías políticamente correctas que hemos tenido que leer o escuchar en medios occidentales, Sharón siempre concibió el futuro de Israel, del estado judío, como algo distinto y separado del pueblo palestino. El ensueño de un Israel entre el Mediterráneo y el Jordán no tuvo en él a uno de sus defensores. Militar con visión estratégica, entendió la inviabilidad de un estado judío con mayoría palestina, con o sin derecho de ciudadanía, al tiempo que rechazaba el proceso de Oslo por la falta de sinceridad palestina. La división no sólo era buena y justa, sobre todo era una necesidad. Si no había interlocutor fiable habría que llevarla a cabo de forma unilateral.
Mientras el Road Map de Bush se empantanaba en su primera fase, tal como todos suponían, empezando por el propio Bush, Sharón daba los primeros pasos para establecer un nuevo marco de referencia. Frente al mantra de que en realidad Israel no deseaba retirarse de Gaza y Cisjordania y que bloqueaba el proceso de paz para tratar de anexionarse de hecho esos territorios, Sharón, el halcón entre los halcones, mostró al mundo su disposición a hacerlo. No fue fácil. Tuvo que abandonar su propio partido para formar otro, Kadima, con el que liderar una mayoría parlamentaria capaz de hacer frente a un proceso de esa trascendencia. Se levantaron los asentamientos y se retiraron las tropas de Gaza.
Israel había demostrado su disposición a retirarse de territorios palestinos al tiempo que el campo árabe se debatía en una guerra civil entre islamistas y nacionalistas. Era más evidente que nunca antes que Israel no tenía interlocutor, que la corrupción y el radicalismo habían provocado una grave crisis institucional en la Autoridad Palestina. Era el momento de dar el segundo paso: Cisjordania. Aquí no había fronteras de referencia, el problema de los asentamientos era incomparablemente mayor y el control de la seguridad del Jordán un tema irresoluble. Sharon actuó con discreción y no podemos aventurar hasta dónde habría llegado y cómo habría tratado determinados aspectos clave. Lo que es seguro es que estaba dispuesto a avanzar posiciones para separar a ambas poblaciones de forma definitiva, aunque el resultado no fuera en el corto plazo, porque no podía serlo, un acuerdo de paz que diera paso a la formación de un estado palestino.
Un derrame cerebral acabó con su carrera política en su momento más crucial. Lo ocurrido desde entonces ha venido a demostrar hasta qué punto tenía razón. Netanyahu desde el Likud criticó la retirada de Gaza porque daría paso a un Hamastán. Era cierto, y desde entonces se incrementaron los lanzamientos de cohetes. Todo eso estaba descontado, era el coste de una operación cuyos beneficios serían con muy superiores. Israel demostró al mundo su disposición a retirarse de territorios palestinos, así como la crisis profunda que minaba a la Autoridad Palestina, todo ello antes de que la Primavera Árabe desvelara la crisis profunda que anida en el corazón de esa sociedad y que pone en cuestión su propia convivencia interna.
No hay una solución al problema palestino, como tampoco la hay para la crisis árabe. Se trata de gestionar de la manera más inteligente situaciones críticas. Sharón, un militar que sólo conoció la guerra en sus diferentes variantes, entendió que, tras crear un estado, librar guerras contra vecinos que negaban su derecho a existir, transformar su sociedad en una democracia avanzada y con un cierto nivel de bienestar, era necesario cambiar la estrategia para lograr la separación entre judíos y árabes en el mayor grado posible y de la forma más eficiente. Su obra quedó truncada, pero el legado queda como referente para una sociedad que no ha conocido la paz.
Fuente:libertaddigital.com

El último gran líder del sionismo - Felipe Sahagun


La muerte de Ariel Sharon, fallecido después de ocho años en coma, pone fin a una de las carreras militares y políticas más brillantes y polémicas de la historia de Israel. "Fui soldado y agricultor, y ahora soy político", confesaba Sharon al corresponsal de Antena 3, Henrique Cymerman, en una de sus últimas entrevistas. "Si tuviera que escoger la tarea que más me agrada, creo que sería agricultor. Nací y me crié en una finca en Kfar Maalal, en 1928. Mi padre era de origen germano-polaco y mi madre, rusa. Ingresé en Agronomía en 1948, pero estalló la Guerra de la Independencia y me convertí en militar".
En el Ejército hasta 1973, héroe de las guerras del 56, del 67 y del 73, en la política desde 1974, ministro en seis ocasiones y primer ministro desde febrero de 2001, Sharon fue para sus enemigos un general sin escrúpulos que rondó siempre la tragedia y que se ganó a pulso el apodo de Niveladora (bulldozer) por el número de aldeas y casas palestinas que convirtió en escombros. Le dio igual que le amaran o que le odiaran. No se fió nunca de nadie.
Sus críticos le consideraban un hombre sin escrúpulos que se creyó liberador y un general insubordinado que llevó a la muerte a docenas de soldados israelíes por conseguir unas medallas y, también, algunas victorias. Su heroicidad en la guerra del 56, cuando conquistó el estratégico paso de Mitla, costó cara a sus jefes y aliados, pues precipitó la intervención estadounidense en contra de Israel.

Opuesto a la paz de Oslo

Se opuso a la paz con Egipto, hizo creer a Menahem Begin que la invasión de Líbano sería un paseo, se opuso a la Conferencia de Madrid y a la paz de Oslo, se negó a negociar con Arafat en vida y, como primer ministro, le condenó a arresto domiciliario. Siempre consideró Jerusalén territorio exclusivo de Israel, negoció directamente con Mobutu una alianza en el 81, apadrinó a Jonas Savimbi por encargo de la CIA de Reagan y vivió como una gran victoria la invasión estadounidense de Irak en 2003.
Una elección (la de George Bush hijo), un atentado (el 11-S) y una muerte (la de Yaser Arafat) despejaron el camino para la retirada unilateral de Gaza, la ruptura con el Likud en noviembre y el adelanto de elecciones para intentar resolver el problema de Cisjordania en su segundo mandato.
Fundó -con Kadima- al menos tres partidos políticos y nunca fue leal a ninguno. Ayudó a crear el Likud en 1973, pero tras unos meses de diputado se incorporó al equipo de asesores de Isaac Rabin en el Gobierno de 1975. En el 76 formó otro partido, Shlomzion, y con sólo dos escaños logró las carteras de Agricultura y Defensa en los gobiernos de Menahem Begin, del 77 al 83.
Derrotado en las primarias del Likud en el 84, se incorporó como ministro de Comercio e Industria del Gobierno laborista de Simon Peres en septiembre de aquel año. Su dimisión provocó una crisis gubernamental en 1990, pero él permaneció en el Gabinete a las órdenes de Isaac Shamir. Como ministro de Vivienda, aceleró la construcción de asentamientos para hacer irreversible la ocupación de los territorios conquistados en la guerra de 1967. Como ministro de Exteriores en el Gobierno de Netanyahu, en 1998, boicoteó el proceso de paz de Oslo.
Aunque vivió toda su vida en guerra, de la guerra y para la guerra, es posible que pase a la historia como el líder israelí que decidió unilateralmente la retirada de Gaza y del norte de Cisjordania y que, de haber sido reelegido el 28 de marzo de 2006, se había comprometido a establecer las fronteras definitivas entre Israel y un nuevo Estado palestino. El corazón le impidió cumplir su último sueño.
De haberlo logrado, muchos habrían olvidado las páginas más sombrías de su biografía y le habrían admitido en los libros de Historia como una especie de De Gaulle israelí que renunció a una ocupación insostenible a cambio de la paz. Si, como parece, se reactiva la violencia en una tercera intifada, la retirada de Gaza será la última decisión de un jugador desesperado que traicionó el Gran Israel por el que había luchado toda su vida a cambio de nada.

De la huerta a las Juventudes Laboristas

Los padres de Sharon, Samuel y Vera Scheinerman, le salvaron la vida cuando apenas tenía un año escondiéndole en un pajar de su aldea natal, muy cerca de Tel Aviv. A los seis años vigilaba, porra en mano, la huerta de frutales de sus padres. Con 10 años dejó la huerta por las Juventudes Laboristas y a los 14 ya militaba en Gadna, una organización paramilitar de la que pronto se convirtió en instructor y donde conoció a su primera esposa, Mar, con quien tuvo un hijo. Ella murió en un accidente de tráfico en el 62 y su hijo en octubre del 67 de un disparo mientras jugaba con el rifle de su padre. Sharon se casó de nuevo con Lily, la hermana menor de Mar, con quien tuvo dos hijos, Omri y Gilead, que le han dado dos nietos. Cuando se ponía nostálgico, Arik (como le llaman los amigos) siempre recordaba a Lily, nunca a Mar.
Su muerte, en mayo de 2000, le causó un profundo trauma, del que salió con su última gesta: arrebató el control del Likud a Netanyahu y, tras provocar las iras de los palestinos paseándose por la explanada de las mezquitas de Jerusalén el 28 de septiembre de 2000, precipitó una crisis en el Gobierno de Ehud Barak y las elecciones anticipadas que le dieron la victoria en febrero de 2001.
La partición de Palestina en el 47 le sorprendió, con sólo 19 años, al frente de una de las unidades más temibles de Haganah, embrión del Ejército del nuevo Estado, en la que se ganó todos los calificativos con los que ha sido descrito desde entonces por sus biógrafos: valiente, heterodoxo, expeditivo en los métodos, insubordinado y siempre dispuesto para las acciones de mayor riesgo.
Al frente de la Unidad 101 de las Fuerzas Especiales, redujo a cenizas el campo de refugiados de El Bureig, en el sur de Gaza, en agosto del 53. Docenas de refugiados fueron asesinados mientras dormían y cuando intentaban huir de las bombas. Fue sólo un anticipo de lo que dos meses más tarde hizo en la aldea jordana de Qibya. En el diario de Moshe Sharett, entonces ministro israelí de Exteriores, hay pruebas que muchos considerarían suficientes para condenar a Sharon por crímenes de guerra.
En aquella operación, confiesa Sharett, murieron 69 civiles, la mayoría mujeres y niños. "Creímos que todos los habitantes habían huido cuando entramos y destruimos las casas (45 casas)", respondió Sharon en su defensa.
La calle Had'd de Gaza nunca olvidará las apisonadoras de Sharon destruyendo centenares de viviendas una noche de agosto del 71: 2.000 viviendas convertidas en escombros, 16.000 refugiados detenidos o deportados a Líbano, Jordania y el Sinaí, y 104 guerrilleros palestinos asesinados en los meses siguientes.

Masacre de Sabra y Chatila

Desde las seis de la tarde del 16 de septiembre a las ocho de la mañana del 18 de septiembre de 1982, las Falanges Cristianas Maronitas libanesas, que acababan de perder en un atentado a su líder Gemayel, masacraron los campamentos palestinos de Sabra y Chatila. El Gobierno libanés contó 762 cadáveres. Otros 1.200, aproximadamente, fueron enterrados en silencio por sus familiares. La Operación Paz en Galilea, obra de Sharon, costó la vida en sólo tres meses de unos 20.000 palestinos y libaneses, y de unos mil israelíes.
La comisión oficial israelí dirigida por Isaac Kahan, presidente del Tribunal Supremo, declaró a Sharon "responsable por despreciar o ignorar el peligro de actos de venganza y derramamiento de sangre por los falangistas, al permitirles entrar en los campamentos, y por no adoptar medidas apropiadas para evitar o reducir el peligro de matanzas antes de su entrada".
Terrorista para unos, gran estadista para otros, Sharon nunca creyó en otra justicia que la de la fuerza. No se fió nunca de ningún tribunal y vio en la ONU una marioneta incompetente viciada por intereses bastardos y, hasta bien recientemente, en manos de mayorías antisionistas.
Obsesionado por la falta de profundidad estratégica o territorial de Israel, hizo todo lo que pudo para quedarse con las mejores tierras de Cisjordania y el agua de su subsuelo. Pasó del Derecho Internacional, de las convenciones de Ginebra y de los tribunales belgas que intentaron procesarle. "¿Cómo se atreve a juzgarme un país que ha cometido toda clase de atrocidades en África?", repetía.
En 1987, nada más declararse la primera intifada, compró un apartamento en el centro de Jerusalén Oriental y allí siguió viviendo como primer ministro. Los fines de semana solía escapar a una finca agrícola que tenía en el sur del país.
Con su muerte, desaparece uno de los últimos supervivientes de la segunda generación de dirigentes israelíes. Discípulo de Ben Gurion y protegido de Isaac Rabin, se reinventó a sí mismo muchas veces, la última tras su victoria electoral de 2001 al decidir unilateralmente la retirada de Gaza. "Fue una ruptura total con su pasado", reconoce Tommy Lapid, líder del partido laico Shinui. "Hizo trapecio en la cuerda floja, algo admirable por su parte".
"Nada de eso", reconoce su asesora de Seguridad Nacional, Giora Eiland. "Sharon se limitó a aplicar la lógica: dado que Israel no podrá retener eternamente Gaza, lo mejor era retirarse en las condiciones adecuadas. En Gaza Israel no se juega ningún interés vital". Cisjordania ya es otra historia, pero Sharon ya no será quien la escriba.
Fuente:elmundo.es

jueves, 9 de enero de 2014

Gino Bartali, el ciclista que salvó la vida a casi mil judíos durante la persecución nazi en Italia



Gino Bartali fue una de las grandes figuras del deporte del Siglo XX. De aquellas que trascienden el ámbito deportivo para brillar aún más en la faceta humana. Considerado uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, fue su ayuda en secreto a los judíos que vivían en su Florencia natal durante la Segunda Guerra Mundial, jugándose la vida para salvar la de los demás, lo que le elevó a la categoría de leyenda. En todos los sentidos.

Nunca tuvo un camino fácil

Nacido en 1914 en un pequeño pueblecito toscano perteneciente al Quartiere 3 de Florencia, llamado Ponte a Ema, Gino Bartali tuvo claro desde pequeño que su vida era la bicicleta. Sólo la necesidad de la familia de que trabajara con ellos en el campo para poder comer le impidió iniciarse antes en el ámbito profesional. Pero en cuanto comenzó a ganar carreras amateurs consiguió convencer a los suyos de que su futuro estaba en el ciclismo, y que ésa era la manera en la que debía ayudar en casa.
Y no fue fácil. En la primera carrera profesional que disputó terminó inconsciente después de chocar con un espectador, lo que provocó las reticencias de su familia. Aun así, siguió corriendo, y en la primera Milan-San Remo que disputó se llevó el primer trago agridulce de su carrera: cuando iba escapado en solitario, fue interceptado por un periodista que tenía la misión de evitar que un desconocido ganara tan prestigiosa prueba. Aún así, nada más terminar la carrera, en la que se impuso Giuseppe Olmo, recibió una visita que le iba a cambiar la vida. Eberardo Pavesi le iba a ofrecer liderar un equipo, Legnano, creado para ganar el Giro de Italia.

En 1936, en su segunda participación en la grande corsa italiana, Bartali sorprendía a todos adjudicándose la victoria final, después de conseguir también tres victorias de etapa. Había nacido "el ciclista alado", "la bala humana". Los calificativos de la prensa se agotaban ante la irrupción de su nuevo ídolo. Ni siquiera importó que, en la celebración del Giro, le pidieran que dedicara el triunfo al Duce Mussolini, y él se negara a hacerlo, agradeciéndoselo todo a su familia y a "quien vela por la seguridad de todos nosotros, la Virgen María". Una muestra evidente de sus fuertes convicciones católicas. "Tus ideas no gustan, pero no podemos renunciar a tus piernas", le anunciaron.
Su carrera, sin embargo, estuvo a punto de truncarse sólo una semana después. Su hermano Giulio Bartali, dos años menor que él y con quien le unía sobre todo su inmensa afición por la bicicleta, fallecía durante la disputa de una carrera amateur en la Toscana. Todos sus sueños y promesas de triunfar juntos se rompían. Gino se sentía incapaz de volver a tocar una bicicleta, y decidió retirarse durante un tiempo.
No obstante, y ante la petición de todos aquellos que lo rodeaban, deseosos de que no se apagara de esa manera una estrella tan brillante, decidió regresar a la competición. Y lo hizo a lo grande: proclamándose de nuevo campeón del Giro de Italia.

La Guerra frena su éxito, pero surge la leyenda

Al año siguiente es seleccionado como capitán del equipo italiano que disputará el Tour de Francia, con el único objetivo de conseguir el triunfo. Y sólo una caída cuando era líder se lo impidió. Al año siguiente regresó con el mismo objetivo, y se convirtió en el segundo italiano en toda la historia que conquistaba el Tour. Gino Bartali ya se había convertido en todo un héroe en Italia.
Pero semanas después comenzó la Guerra y, como sucedió en casi todos los ámbitos, la carrera de Bartali se detuvo. Justo cuando estaba en su plenitud física, después de conquistar dos Giros y un Tour en tres años, cuando apuntaba a ganar de manera perpetua las grandes vueltas, tocaba detenerse por algo que no tenía nada que ver con el ciclismo. Estaría cinco años, los años de su madurez deportiva, sin poder correr.

La ayuda secreta

Fue entonces cuando la leyenda de Bartali trascendió al deporte. Durante el tiempo en que duró la Guerra, sobre todo entre 1943 y 44, Gino comenzó sus viajes más importantes en bicicleta. Fuera de la competición. Normalmente, de Florencia a Asís. 200 kilómetros en los que transportaba cartas y documentos falsificados escondidos en los tubos del cuadro de su bicicleta para ayudar a escapar a cientos de judíos, la mayoría de ellos niños, que iban a ser traslados a campos de concentración alemanes.
Armado de valor y coraje, Bartali se hacía valer de su figura como ciclista para que nadie sospechara, pues, afirmaba, estaba entrenando para cuando todo terminara volver a ser campeón. Ayudaba de ese modo a una red interreligiosa clandestina en la Toscana (perfectamente explicada en su Fundación) que se dedicaba a "salvar a los judíos de ser exterminados". Se afirma que Bartali pudo ayudar a salvar la vida a más de ochocientos judíos gracias a esos documentos falsos.
La historia fue conocida poco después de su muerte. Gino nunca contó nada, ni a su familia ni a nadie. Pero una vez destapada su historia secreta de solidaridad y caridad, no dejó de recibir reconocimientos póstumos. Se le entregó la medalla de oro al Valor Civil de la República Italiana; y fue declarado Justo entre las naciones por el Yad Vashem, el memorial oficial israelí de las víctimas del holocausto fundado en 1953 en reconocimiento a los no hebreos que han arriesgado su vida por salvar la vida de judíos durante la persecución nazi.

Un duelo épico

Terminada la Guerra, y recuperada con ello la actividad deportiva, Bartali regresó al ciclismo. Tenía ya 31 años, considerado entonces mayor para la competición. Y además se encontraba con otro enorme ciclista que había comenzado a brillar en la preguerra: Fausto Coppi. Pero Bartali volvió a dar muestra de su carácter y capacidad, y se impuso en el Giro de Italia de 1946, precisamente por delante de Coppi. Había nacido el duelo del siglo del ciclismo italiano.
Porque eran dos ciclistas completamente distintos. Mientras uno era todo garra y corazón, un escalador nato que brillaba sobre todo por su potencia, Coppi era de un estilo más elegante y veloz, especialmente contra el crono. Pero sobre todo porque eran dos personas completamente distintas. Bartali era el reflejo de una Italia campesina, pobre, católica, fiel a las tradiciones; Coppi era el símbolo de una Italia cosmopolita, adinerada, proyectada hacia el futuro.
El duelo llegó más allá del ciclismo. En realidad, fue más una rivalidad creada por el pueblo y la prensa que por ellos mismos. El país estaba dividido en los Bartalistas y los Coppistas. Un antagonismo que se terminó durante una etapa en el Tour del 52. Allí, mientras iban los dos escapados en busca de la victoria final, Bartali le dio de beber de su botella de agua a un exhausto Coppi; o Coppi le dio de beber de su botella a un exhausto Bartali. En realidad, nunca se sabrá. Pero esa imagen quedó para la posteridad de la historia del deporte, y terminó de un plumazo con un duelo legendario, en la carretera y fuera de ella.

Evitó una guerra civil con su bicicleta

Tal era la figura de Gino Bartali por aquel entonces, que el país se encomendó a él en uno de los momentos más complicados de su historia reciente. Mientras se encontraba disputando el Tour del 48, Togliatti, líder del Partido Comunista Italiano, era tiroteado por un estudiante. El clima en el país se encendió como una mecha. Tanto, que parecía ya inevitable una guerra civil.
Bartali recibió una llamada. Era el primer ministro, De Gasperi, quien le pedía un favor para ayudar a Italia: que ganara el Tour. Estaba a más de 20 minutos del líder entonces, el francés Bobet. Pero Bartali brindó al día siguiente en los Alpes una de las etapas más épicas de la historia de la ronda gala. Se colocó el maillot amarillo, y se proclamó vencedor del Tour. La prensa italiana abrió todos sus diarios e informativos con la brillante victoria de su ciclista. Había vuelto la ilusión y, con ella, la calma regresó al país. Bartali había evitado una guerra civil.
Una vez más, había logrado una quimera con la única ayuda de su bicicleta. Como cuando devolvió la gloria ciclista a Italia; como cuando dividió al país en dos para luego volver a unirlo con una simple imagen, con una grandiosa imagen; como cuando, a escondidas y jugándose la vida, salvó la de tantos y tantos judíos. "El bien se hace, no se dice. Ciertas medallas se cuelgan en el alma, no en el maillot" afirmaba el enorme ciclista italiano entonces. Es la historia secreta de Gino Bartali. Una leyenda para el ciclismo, un héroe para la humanidad.
Fuente : TOLO LEAL . libertaddigital.com


martes, 7 de enero de 2014

TVE, ¡Qué asco! - Jaime Einstein.

 
 
Jaime Einstein
A veces, cuando uno cree que una persona, o una organización ha tocado fondo, y que ir más abajo es imposible, va y te sorprenden, descendiendo a profundidades nunca antes alcanzadas.
Esta mañana puse lo que pasa por las "noticias" de Televisión Española Internacional. Después de una pieza sobre el sangriento conflicto civil entre sunitas y shiitas en Irak, los buenazos de TVE se vieron obligados a "compensar", poniendo algo malo sobre su cabeza de turco preferida, Israel.
Esta vez, los paladines del periodismo nacional español se enfocaron en las manifestaciones de los inmigrantes ilegales africanos en Tel Aviv. No hay duda de que este es un tema complejo y doloroso. Digo doloroso porque centenares de miles de israelíes han sido refugiados en algún momento de su vida (yo lo he sido, me escapé de Cuba y fui un indocumentado más). Los israelíes que no han sido refugiados son hijos o nietos de refugiados, casi sin excepción. Es por ello que ninguno de nosotros se siente desligado del dilema de los miles de eritreos o sudaneses que han arriesgado el pellejo para llegar a estas tierras.
Al igual que para países de la Unión Europea, tales como España, Italia y Grecia, la entrada de millares de estos refugiados representa un terrible desafío para nuestra economía y sociedad. Hay una notable diferencia entre Israel y Europa, Israel es infinitamente más pequeño y más pobre que la Unión Europea. Nadie en Bruselas nos va a dar un céntimo para absorber a esta ola migratoria. ¿A dónde podemos mandarlos? ¿A Siria, Jordania o el Líbano?
Pues bien, los genios de TVE presentaron nuestro dilema con una descripción Orwelliana, digna de Josef Göbbels: "las autoridades israelíes han dicho que no pueden continuar recibiendo refugiados africanos ya que ello amenazaría la pureza étnica del país".
¿Qué autoridad dijo esto? TVE lo dejó en silencio.
Cualquier político israelí en posición de autoridad que dijera tal disparate sería descuartizado por nuestros medios de comunicación y por la opinión pública del país. Pero, esto no es óbice para la habilidad de TVE de inventar cualquier cosa, si con ello se hace daño al "cáncer judío", si el libelo sirve para continuar el asesinato de nuestra reputación.
La clara implicación de los genios de TVE es que somos un estado racista, que practicamos "apartheid". ¡Qué raro! Todos los días me cruzo con centenares de israelíes de origen etiope, que son tan negros como los eritreos y sudaneses. Israel se gastó millones de euros en traerlos a nuestro país... entraron como ciudadanos. ¡Qué raro! Nosotros los contribuyentes israelíes estamos gastando gruesas sumas ahora en la absorción de grupos tribales de la India (que son "racialmente" asiáticos, con los ojos oblicuos) que están siendo bienvenidos a nuestro país.
¿Será que los millares de refugiados sub-saharianos que tratan de llegar a España cruzando las muy altas murallas de seguridad en Ceuta y Melilla son recibidos por las autoridades españolas con los brazos abiertos y flamantes DNIs españoles? ¿Y los refugiados que han llegado a la isla italiana de Lampedusa... vieron ustedes los videos mostrando su maltrato y vejación a manos de los muy civilizados italianos? ¿Y Grecia, con miles de albaneses y sirios tratando de penetrar a la Unión Europea?
Caso algún español me responde diciendo: "bueno, pero los etiopes y los indios que entran en Israel son judíos."
Bien, ¿y los habitantes del Sahara Occidental no eran ciudadanos españoles? España, muy pichi, les dio la espalda, y hoy día los saharauis viven como apátridas en campamentos de refugiados en Argelia.
El problema de las migraciones, escapándose de las hambrunas y guerras civiles africanas es un gravisimo problema para todo el mundo civilizado. Pero, parafraseando a un famoso rabino galileo de hace unos 2000 años, si los europeos son libres de pecado... tiren la primera piedra. Si no lo son, entonces, TVE, ¡váyanse a la mierda con sus libelos!
Fuente: https://www.facebook.com/einstein.jaime/posts/10202211952194277